La Profana Apertura

Fue extraño lo que sintió cuando la vio por primera vez. Alta y majestuosa, pálido el suave brillo que emanaba de ella. Parecía como si el tiempo hubiese marcado cada triste segundo de la existencia humana en su superficie, pero sin realmente llegar a ella. Sin dañarla. Nada ni nadie tenía semejante poder. “La entrada de los sueños verdaderos”, como la llamaban las tribus indias del sur: “La puerta de marfil”. Solo la había visto antes en confusos sueños embriagados de fiebre. Pero ahora era distinto. Las manos que la tocaban eran suyas, temblorosas y débiles, pero suyas. Acariciaban ya sin temor la fría superficie. No había picaporte. No lo necesitaba. Sabía ya las mágicas palabras para entrar. No sabia que pasaría una vez que la puerta se abriera. Tal vez seria el fin de todo. Pero, ¿como disuadir a un loco?

Nadie sabe ni sabrá jamás que fue de la suerte de aquel pobre infeliz, que sediento de respuestas a algo o a todo, se aventuro a través de la puerta. Tampoco como afectara la vida de los hombres que, aun atrapados de este lado, recuerdan en sueños el reino olvidado. Tal vez las historias que aquí se cuenten provengan entonces de allí, y encuentren justificación a su locura no en este terreno, sino en el de los sueños.




jueves, 26 de marzo de 2015

Ojos

Me recosté contra la pared, sintiendo una punzada de dolor que me recorrió todo el cuerpo. Ella tomo un cigarrillo entre sus finos dedos y lo depósito suavemente en mis labios. Con un rápido y elegante movimiento saco un encendedor bañado en oro de su bolso y lo encendió. Luego cruzo la habitación con dos grandes pasos de sus largas piernas y se sentó frente a mí en un viejo y sucio sillón de cuero. La mire fijamente, tratando de entender, queriendo ver mas allá de ese angelical rostro que ahora me miraba con seriedad. Hasta casi creí distinguir un rastro de tristeza en sus ojos, lo cual, irónicamente, me dolió mas que la bala que estaba descansando en mi pecho. 
Aspire fuertemente el cigarrillo y deje escapar el humo lentamente de entre mis labios, mientras la sangre comenzaba a formar un húmedo y tibio charco a mi lado. Deje pasar unos minutos, mientras el cigarrillo se iba consumiendo en mis labios, y el cálido abrazo de la muerte comenzaba a invadir mi cuerpo. Finalmente ella se paro y hablo:

-          Esto no tenía que terminar así, fuiste un idiota. Te dije que no volvieras.

Oculto su rostro cuando las primeras lágrimas comenzaban a correrle por la piel. Sabia en mi interior que estaba fingiendo, que yo le importaba una mierda, pero en ese momento solo pensé en abrazarla y besarla. Ese era el problema con las mujeres hermosas. Nos volvían locos, nos convertían en malditos imbéciles.  
A lo lejos, en la distancia, sonaron las primeras sirenas de la policía. Ella no se inmuto. Se seco las lágrimas y se quedo mirando fijo al horizonte de edificios que se veía tras el ventanal de mi oficina. La mire a los ojos, esos hermosos ojos que reflejaban la fría noche y ocultaban un océano de dolor y sufrimiento. Las sirenas estaban cada vez más cerca. Quise decir algo cuando la vi llevarse el arma a la sien, pero no supe qué.
Cuando 5 minutos después la policía irrumpió en el piso, ella yacía muerta en el piso, y los ojos que lloraban eran los míos.

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Un alma mas, perdida en un laberinto de cables y gente. Alguien sabe donde esta la salida?