Según cuentan algunos grandes exploradores y viajeros del viejo mundo, existe perdido en alguna parte del infinito desierto egipcio, el oasis más hermoso y fantástico de la tierra. Cuentan que este lugar es tan perfecto en su belleza, tan hermoso en su armoniosa paz, que puede fácilmente considerarse como el lugar más feliz del planeta. Por supuesto que son todas teorías y conjeturas, rumores que se esparcen entre las personas como el aire entre las hojas del bosque. Ya que nadie jamás ha visto este lugar, y aquellos que han tenido la fortuna de encontrarlo, por supuesto jamás han regresado.
Una tarde calurosa, vagaba medio perdido y triste, un viejo lobo solitario. Es extraño encontrar a uno de estos introvertidos animales en un desierto, pero este en particular había estado buscando algo hacia mucho tiempo, y había recorrido los lugares más extraños e inhóspitos del mundo. Caminaba cansadamente, con la lengua colgando de su amplia boca, los colmillos blancos relucientes bajo el inclemente sol. Pero quiso el destino, o la caprichosa diosa suerte, que el viejo lobo encontrase de pronto ante si, el fantástico oasis. Allí, ante sus cansados y grises ojos, vio el lugar más hermoso del planeta. Flores de indescriptibles colores, colmaban el aire del aroma más delicioso que jamás hubiera olido. Fuentes de agua cristalina emergían de la fértil tierra, su agua de un sabor tan intenso y tan refrescante, que un solo trago podía sacarle la sed a cualquiera por días. Inmensos árboles decoraban una suave pradera, y de sus ramas colgaban frutos de distintas formas y colores, todos ellos exquisitos, majares que un rey envidiaría.
El lobo bebió un poco de agua para calmar su sed, y recorrió maravillado el oasis. Vio a algunos hombres durmiendo placidamente bajo la copa de los árboles, o bañándose entre risas en aguas frescas y puras. Sus rostros reflejaban la más autentica felicidad. Así camino el viejo lobo, sus ojos contemplando incrédulos la belleza que lo rodeaba. Los hombres con los que se cruzaba lo saludaban afectuosamente, y le daban la bienvenida al paraíso entre risas y cantos. Finalmente, y cansado de tanto caminar, se dejo caer sobre la sombra de un árbol, y entre la fresca y suave hierba, se echo a dormir.
Al despertar ya la noche había caído en el desierto, y las estrellas brillaban intensas y claras en el firmamento. Para inmensa sorpresa del viejo lobo, no sentía frió. No hay peor cosa que el frió del desierto, y eso el muy bien lo sabia, pero al parecer, en aquel oasis no existía ni el frió ni el calor, sino una continua y agradable temperatura. El lobo se levanto, se desperezo placenteramente y relamiéndose el hocico, comió una de las frutas que habían caído del árbol cercano. Supo que ese sabor lo recordaría por siempre, como el manjar mas exquisito que jamás hubiese probado. Saciado su apetito, el lobo comenzó a volver por al camino que había recorrido durante el día. Al pasar, y cerca de la salida del oasis, vio a varios hombres sentados frente a una fogata, cantando y bebiendo de un extraño licor. El lobo pasó frente a ellos sin mirarlos, mientras ellos cantaban entre hipos y carcajadas. Uno de los hombres, al percatarse de su presencia, lo llamo.
- Ey!!, lobo amigo, porque no te nos unes, ven a disfrutar y a beber con nosotros!! - grito con vos ebria el hombre.
- Si, después de todo este es el lugar mas hermosos y feliz del mundo entero, nada que hacer mas que disfrutar y gozar – agrego otro del grupo, que bailaba una danza extraña ante el fuego.
El lobo los miro con cierta tristeza en los ojos, y les respondió.
- No gracias, ya me voy.
El viejo lobo dio media vuelta y comenzó a andar, mientras los hombres, estupefactos, habían dejado ya de cantar y bailar. Lo miraban incrédulos, en silencio, y lo único que se oía era el chisporroteo de las brazas en el fuego. Finalmente uno de los hombres se paro violentamente y se interpuso en el camino del lobo. Este levanto la mirada interrogativamente.
- Es que estas loco? Incluso un viejo lobo como tu debe reconocer un paraíso cuando lo ve. Es que planeas irte de aquí? Es este, te lo aseguro, el lugar mas hermoso y perfecto del planeta!! – le dijo el hombre, en un tono excitado.
- Lo se – respondió el lobo, que lo miraba tranquilamente – pero aquí no hay nada para mi.Los hombres se miraron entre si, confundidos, y algo perturbados.
- Que quieres decir? Que no hay nada? Mira a tu alrededor!, las cosas mas bellas y sabrosas del planeta, el oasis mas puro y perfecto jamás creado por dios cualquiera. Cualquier hombre o animal mataría por estar aquí. Y tu quieres irte? – la voz del hombre sonaba algo inquieta y asustada, no comprendía al lobo, y eso le daba miedo.
- Entiendo lo que dices, y comparto tu opinión. Es este, sin dudas, el lugar más hermoso del mundo. Pero aquí no hay nada para mí. Aquí no se encuentra mi destino, se que este no es el final del camino de mi vida. Espíritu y destino son uno solo, y mi espíritu busca otra cosa. Todavía no se que, y es por eso que vago hace tiempo por este amplio mundo, buscando mi camino. El camino que me lleve a mi mismo, a mi propia esencia. Solo así puede uno ser feliz – el lobo hizo una pausa, y observo a los hombres, que ya no reían, y vio que sus rostros reflejaban seriedad – Se que no es el camino mas fácil. Se que da miedo. Pero es el único camino que realmente vale.
Y sin decir mas, se alejo el viejo lobo, perdiéndose entre la oscuridad de la fría noche.
La Profana Apertura
Fue extraño lo que sintió cuando la vio por primera vez. Alta y majestuosa, pálido el suave brillo que emanaba de ella. Parecía como si el tiempo hubiese marcado cada triste segundo de la existencia humana en su superficie, pero sin realmente llegar a ella. Sin dañarla. Nada ni nadie tenía semejante poder. “La entrada de los sueños verdaderos”, como la llamaban las tribus indias del sur: “La puerta de marfil”. Solo la había visto antes en confusos sueños embriagados de fiebre. Pero ahora era distinto. Las manos que la tocaban eran suyas, temblorosas y débiles, pero suyas. Acariciaban ya sin temor la fría superficie. No había picaporte. No lo necesitaba. Sabía ya las mágicas palabras para entrar. No sabia que pasaría una vez que la puerta se abriera. Tal vez seria el fin de todo. Pero, ¿como disuadir a un loco?
Nadie sabe ni sabrá jamás que fue de la suerte de aquel pobre infeliz, que sediento de respuestas a algo o a todo, se aventuro a través de la puerta. Tampoco como afectara la vida de los hombres que, aun atrapados de este lado, recuerdan en sueños el reino olvidado. Tal vez las historias que aquí se cuenten provengan entonces de allí, y encuentren justificación a su locura no en este terreno, sino en el de los sueños.
Nadie sabe ni sabrá jamás que fue de la suerte de aquel pobre infeliz, que sediento de respuestas a algo o a todo, se aventuro a través de la puerta. Tampoco como afectara la vida de los hombres que, aun atrapados de este lado, recuerdan en sueños el reino olvidado. Tal vez las historias que aquí se cuenten provengan entonces de allí, y encuentren justificación a su locura no en este terreno, sino en el de los sueños.
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