La Profana Apertura

Fue extraño lo que sintió cuando la vio por primera vez. Alta y majestuosa, pálido el suave brillo que emanaba de ella. Parecía como si el tiempo hubiese marcado cada triste segundo de la existencia humana en su superficie, pero sin realmente llegar a ella. Sin dañarla. Nada ni nadie tenía semejante poder. “La entrada de los sueños verdaderos”, como la llamaban las tribus indias del sur: “La puerta de marfil”. Solo la había visto antes en confusos sueños embriagados de fiebre. Pero ahora era distinto. Las manos que la tocaban eran suyas, temblorosas y débiles, pero suyas. Acariciaban ya sin temor la fría superficie. No había picaporte. No lo necesitaba. Sabía ya las mágicas palabras para entrar. No sabia que pasaría una vez que la puerta se abriera. Tal vez seria el fin de todo. Pero, ¿como disuadir a un loco?

Nadie sabe ni sabrá jamás que fue de la suerte de aquel pobre infeliz, que sediento de respuestas a algo o a todo, se aventuro a través de la puerta. Tampoco como afectara la vida de los hombres que, aun atrapados de este lado, recuerdan en sueños el reino olvidado. Tal vez las historias que aquí se cuenten provengan entonces de allí, y encuentren justificación a su locura no en este terreno, sino en el de los sueños.




viernes, 8 de enero de 2010

Raices

El joven Jacaranda había pasado un rudo invierno. Era aun un niño, y era la primera vez que sentía el punzante dolor del frió. Los más grandes parecían soportarlo con más calma y dignidad, esa fuerza que da la costumbre y el conocimiento. Incluso desnudos tras haber perdido sus bellas hojas en el otoño, no se quejaban, y orgullosos se abatían y peleaban con el helado viento del este. Pero estaba pronta ya la primavera, y sueños de un despertar violeta latían en el pequeño corazón del Jacaranda. Seria su primera primavera, su primer florecer. Las ansias y los nervios le impedían dormir. Pasaba las noches soñando despierto con ese dulce color y el aroma que prometían los más grandes. No era aparte, poco el miedo que lo acosaba: dolería? Cuanto duraría el proceso? Y si no le salía bien? y si se quedaba así desnudo toda su vida? A veces se dormía llorando rodeado de estos y otros miedos.No tuvo mucho que sufrir, por suerte, ya que la primavera llego, y el pequeño árbol vio aparecer hermosos capullos en sus débiles ramas. Observo con profunda alegría como estos iban floreciendo, hasta convertirse en bellas flores. Cada día los revisaba, preocupándose por cada uno de los capullos cual si fueran hijos. Lloro un día entero por uno que no floreció. Y pronto, el joven y los demás árboles estaban repletos de hermosas y fragantes flores. Una luz violeta impregnaba el aire, haciéndolo mas puro y bello. El orgullo y la alegría invadieron el corazón del pequeño árbol, y se sintió parte de algo hermoso, parte del planeta, un elemento fundamental y cuyo significado y destino eran claros: embellecer al mundo.
Pero he aquí que pronto se dio cuenta de una terrible verdad: nadie, ningún hombre, se detenía a observarlos. Nadie comentaba sobre su belleza, no veía ninguna sonrisa de satisfacción ante el magno espectáculo que ofrecían. Todos pasaban ocupados y malhumorados, todos insultaban y maldecían, o hacían comentarios burdos y maleducados. Nadie se detenía a aspirar el suave aroma, o a observar la belleza de sus hojas. Todo seguía igual. Nada había logrado cambiar el joven Jacaranda con su belleza. El mundo, sintió, seguía siendo un lugar horrible, no importaba cuanto se esforzara.
Una noche, llorando, se dirigió a otro árbol mayor:

- Para que estamos aquí? Cual es nuestro objetivo? Nada cambiamos con nuestra presencia, somos insignificantes e inútiles!!

El viejo Jacaranda suspiro, y dejo caer varias hojas un poco marchitas que le molestaban. Luego miro al joven y respondió:

- No lo se realmente. Creo que nadie lo sabe. Ni los inútiles hombres que ves pasar todos los días con sus trajes y sus autos caros lo saben. Solo creen que si, pero están mas equivocados que el resto. Esta en el corazón de cada uno encontrar su razón y su destino. Es más difícil para nosotros, condenados a no poder movernos. Algunos sufren más que otros, no se conforman tan fácil. Creo que tú eres uno de ellos chico.

El pequeño y triste árbol miro desconsolado al cielo, y observo la luna brillante. Sin apartar la vista de la plateada esfera dijo:

- Para que vivir si no se tiene un sentido? Odiaría ser como la eterna luna, y tener que brillar siempre sin saber porque!

- Pero la luna es muy importante!! – exclamo el viejo Jacaranda – todos, de alguna manera lo somos. Solo tienes que encontrar tu camino, aquello que te haga feliz. Te contare esto: hace algunos años ya, una tarde paso una madre con su pequeña hija. La niña, al verme, se separo de los brazos de su mama y corrió hasta mí, y se puso a jugar con alguna de las flores que se habían caído. Deberías haber visto su cara, alegre y contenta, como si hubiese descubierto lo más bello del mundo. Hoy tal vez esa niña no me recuerde, pero puede ser que en algo la haya cambiado, o ayudado. Quien sabe, tal vez de grande plante un Jacaranda en su casa, y así ves como algo habrá cambiado.

El joven escucho las palabras con atención y luego quedo en silencio por largo rato. Miro de nuevo la luna, fría en su solitaria vigilancia, y se sintió igual de solitario.Los demás árboles se durmieron. A la mañana siguiente descubrieron que el joven Jacaranda ya no estaba. El árbol mayor con quien había hablado la noche anterior no dijo nada, pero le deseo suerte.

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Un alma mas, perdida en un laberinto de cables y gente. Alguien sabe donde esta la salida?