La Profana Apertura

Fue extraño lo que sintió cuando la vio por primera vez. Alta y majestuosa, pálido el suave brillo que emanaba de ella. Parecía como si el tiempo hubiese marcado cada triste segundo de la existencia humana en su superficie, pero sin realmente llegar a ella. Sin dañarla. Nada ni nadie tenía semejante poder. “La entrada de los sueños verdaderos”, como la llamaban las tribus indias del sur: “La puerta de marfil”. Solo la había visto antes en confusos sueños embriagados de fiebre. Pero ahora era distinto. Las manos que la tocaban eran suyas, temblorosas y débiles, pero suyas. Acariciaban ya sin temor la fría superficie. No había picaporte. No lo necesitaba. Sabía ya las mágicas palabras para entrar. No sabia que pasaría una vez que la puerta se abriera. Tal vez seria el fin de todo. Pero, ¿como disuadir a un loco?

Nadie sabe ni sabrá jamás que fue de la suerte de aquel pobre infeliz, que sediento de respuestas a algo o a todo, se aventuro a través de la puerta. Tampoco como afectara la vida de los hombres que, aun atrapados de este lado, recuerdan en sueños el reino olvidado. Tal vez las historias que aquí se cuenten provengan entonces de allí, y encuentren justificación a su locura no en este terreno, sino en el de los sueños.




viernes, 8 de enero de 2010

La Ofrenda

En el ya lejano y olvidado imperio de Iscar, en medio del cruel desierto oriental, vivió hace siglos un rey. Quedan perdidos en viejas bibliotecas registros de su largo reinado, y son pocos los que saben que pese a su severa autoridad, era considerado por sus súbditos como un rey bondadoso y justo. Viudo desde el nacimiento de su hija, era esta su más querido y preciado tesoro. La llamo Aqueen, en honor a su madre, y su belleza era tal, que no existía hombre que pudiera olvidarla una vez que sus ojos se hubieran encontrado.
De todos los reinos e imperios, cercanos o lejanos, venían príncipes y caballeros, viajando miles de leguas para presentarse ante el trono del gran rey, y pedir la mano de su hija en matrimonio. Traían consigo grandes y costosos regalos, promesas de inmensas fortunas y de poderosas alianzas. Pero al sabio rey solo le interesaba la felicidad de su hija, y rechazaba uno tras otro a los engreídos pretendientes. Nadie compraría jamás el amor de su hija con oro y regalos.
Un nublado día llego al imperio un joven y desconocido príncipe. Provenía de un pequeño y pobre reino, muy lejano y olvidado ya por el resto del mundo. Había escuchado hablar sobre la bella Aqueen, y desesperado en la búsqueda del verdadero amor, había viajado incansablemente para verla. Se presento ante el rey, y pidió humildemente conocer a su hija. Al encontrarse, los dos jóvenes se enamoraron profundamente. Aqueen vio por vez primera amor verdadero en los ojos de su pretendiente. Pero el rey, se interpuso ante el príncipe, y le hablo de esta forma.

- He aquí que veo por vez primera amor en los ojos de mi hija. Pero tú, joven príncipe, vienes de un reino muy pobre y lejano, y no traes contigo presente u ofrenda alguna.

El joven bajo la cabeza, un poco avergonzado y triste. El rey se le acerco y le hablo nuevamente, mirándolo a los ojos.

- Pero no todo esta perdido, y soy un rey con corazón. Te daré una oportunidad, para probar que eres digno de ser el esposo de mi hija, el padre de mis nietos, y el sucesor de este trono. Te daré un año, para que te presentes nuevamente ante mi, con lo que tu consideres la ofrenda mas importante y maravillosa de todas. Si lo haces, el corazón de mi hija ya será libre de amarte a su antojo.

Entre lágrimas y promesas, se despidieron los dos enamorados. El príncipe le juro que en un año, volverían a encontrarse.
Y así comenzó para el joven una ardua y dura tarea. Vendió todo lo que poseía, lo convirtió en oro y joyas. Recorrió el mundo en busca de los tesoros y objetos más hermosos y preciados, y de una manera u otra, se hizo con ellos. No pocas veces hubo de derramar sangre, la suya y la de otros. Y al cabo de un año volvió ante el trono del rey, cargando consigo una caravana de tesoros y maravillas. La gente se reunió para presenciar el encuentro, maravillada por la magnificencia de lo que veían. El príncipe, vestido exquisitamente, se acerco al rey y arrodillado hablo.

- Estoy de vuelta, como prometí. Me diste un año para demostrar que soy digno del amor de vuestra hija, un año para volver con la ofrenda más importante y maravillosa de todas. Aquí te ofrezco los tesoros y maravillas más increíbles del planeta. No hay nada que hombre alguno pueda soñar, que no este aquí. Todo esto te ofrezco gran rey, para que veas que soy digno.

El príncipe quedo en silencio, arrodillado ante el rey, a la espera. El rey, tras un prolongado silencio, se acerco al joven y lo hizo levantarse. Luego le dijo con tristeza.

- Nada de esto es lo que quería. Nada de esto demuestra nada. Todo este oro, todas estas joyas y regalos, son insignificantes para mí.

El príncipe lo miro atónito, sin comprender. Miro a Aqueen quien lloraba desconsolada en un rincón. El rey le dijo mientras le daba la espalda y se alejaba.

- Lo único importante, lo único valioso, la ofrenda que esperaba con ansias no esta entre tus regalos. El amor no se compra ni brilla como el oro, pero es mil veces más valioso. Solo eso te pedía, y has sido tan arrogante y pretensioso que no lo has visto. Has fallado.

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Un alma mas, perdida en un laberinto de cables y gente. Alguien sabe donde esta la salida?