La Profana Apertura

Fue extraño lo que sintió cuando la vio por primera vez. Alta y majestuosa, pálido el suave brillo que emanaba de ella. Parecía como si el tiempo hubiese marcado cada triste segundo de la existencia humana en su superficie, pero sin realmente llegar a ella. Sin dañarla. Nada ni nadie tenía semejante poder. “La entrada de los sueños verdaderos”, como la llamaban las tribus indias del sur: “La puerta de marfil”. Solo la había visto antes en confusos sueños embriagados de fiebre. Pero ahora era distinto. Las manos que la tocaban eran suyas, temblorosas y débiles, pero suyas. Acariciaban ya sin temor la fría superficie. No había picaporte. No lo necesitaba. Sabía ya las mágicas palabras para entrar. No sabia que pasaría una vez que la puerta se abriera. Tal vez seria el fin de todo. Pero, ¿como disuadir a un loco?

Nadie sabe ni sabrá jamás que fue de la suerte de aquel pobre infeliz, que sediento de respuestas a algo o a todo, se aventuro a través de la puerta. Tampoco como afectara la vida de los hombres que, aun atrapados de este lado, recuerdan en sueños el reino olvidado. Tal vez las historias que aquí se cuenten provengan entonces de allí, y encuentren justificación a su locura no en este terreno, sino en el de los sueños.




viernes, 8 de enero de 2010

Veneno

En algún lugar ya perdido y olvidado por los hombres existe un laberinto. Quienes han oído de el, o claman haberlo visto, dicen que es infinito, y que nadie que allí haya entrado, ha salido jamás.
Y ahí, en ese mismo enjambre de caminos y cruces, se encontró solo y perdido un Principito. El amor lo había llevado hasta allí. Sabía que en el centro de aquel infernal lugar, en el corazón mismo de esa maraña de venas, se encontraba una rosa, la criatura más hermosa y pura del planeta. Y con su eterna inocencia y soledad, el Principito se había decidido a llegar a ella.
Pero lejos de renegar de su suerte, el Principito estaba orgulloso y feliz de su condición. El amor que sentía por esa rosa era tan poderoso y calido, que ningún sufrimiento le importaba si podía estar a su lado. Sabia que nada que valiera la pena era fácil de conseguir, y que el camino a la felicidad debía ser el mas difícil y doloroso.
Y así fue que el Principito vago solo por los oscuros pasillos y corredores del laberinto, siempre buscando con desesperación llegar hasta su rosa. Hasta que un día se dio cuenta de una horrible verdad: el no estaba solo en ese lugar. Porque allí también, buscándolo a él, se encontraba una serpiente. Fina y flaca como un dedo, pero poderosa y mortal como el dedo de un Rey, este horrendo ser se desplazaba en silencio, buscando una victima en quien descargar todo su odio y veneno. Y el Principito, frágil e indefenso, no tenia forma de escapar de ella. Sin darse cuenta, sin esperarlo, la serpiente lanzaba un certero mordisco ponzoñoso hacia su blanca piel, y el Principito caía fulminado por el dolor. No moría, aunque a veces hubiese preferido hacerlo. Porque el sufrimiento era tan grande, la desesperación tan insoportable, que solo deseaba terminar con ese dolor. Las lágrimas le quemaban la cara, el espacio se desfiguraba, y ya no sabia que estaba haciendo allí. Pensaba entonces, lleno de veneno, que su odisea era inútil, que jamás llegaría a su rosa, y que era demasiado débil e imperfecto para ser feliz. Todas sus fuerzas y su optimismo se esfumaban, y solo quedaba la tristeza de saberse perdido.
¿Por qué lo atacaba la serpiente? El no le había echo nada. No entendía el Principito porque era victima de ese dolor, y en su ignorancia se sentía entonces mas desdichado. Pero esto no detuvo al Principito, quien, al pasar el efecto del veneno, sentía su amor rejuvenecer, cada vez más fuerte y dulce. Entonces todo volvía a cobrar sentido, recordaba la hermosura de su rosa, lo envolvía nuevamente el deseo de amar, y partía otra vez en su búsqueda.De esta manera pasaban los días, el Principito siempre avanzando, y la serpiente siempre buscándolo. Había veces en que pasaba días sin cruzarse con la serpiente, y lleno de alegría tenia la esperanza de que esta hubiese desaparecido para siempre. Pero entonces, sin esperarlo, volvía a sentir ese dolor agudo en su corazón, volvía a sentir ese enorme peso en su alma, todo se oscurecía, y sabía que no podía escapar.
Supo entonces el Principito lo que debía hacer. Comprendió que de esta forma no podría seguir, y que así jamás llegaría a su rosa. Comprendió que debía matar a la serpiente. Entonces el Principito dejo de caminar, y se quedo sentado en un rincón, esperando. Con sus pequeñas manos, había arrancado una piedra del piso, y en el momento en que viese a esa horrible criatura, terminaría con ella para siempre. Pasaron así tres días, y la serpiente no aparecía. El Principito tenía miedo de dormirse, temeroso de terminar siendo victima de el cruel veneno de su enemiga. Y cuando sus fuerzas ya comenzaban a abandonarlo, y empezaba a perderse en el sueño, vio aparecer a lo lejos una fina figura. La serpiente se acerco lentamente hacia el, sin miedo, orgullosa. El Principito se paro con dificultad, preparando su roca para matar a la bestia. Le sorprendió que la serpiente no reaccionara ante esto, y que siguiese avanzando hacia el. Cuando estuvieron muy cerca el uno del otro, el Principito le dijo:

- No me volverás a morder nunca mas, no voy a dejar que me detengas. Tengo que llegar a mi rosa, la amo.

- ¿y que piensas hacer? – le respondió la serpiente con crueldad.

El Principito levanto temeroso la piedra, queriendo asustar a la serpiente. Esta no se inmuto.

- ¿y que piensas hacer? – repitió la serpiente.

- Voy a…..

- ¿Es que todavía no lo entiendes? – lo interrumpió la serpiente – Tu no puedes matarme. Porque yo no existo sino en tu interior.

El rostro del Principito se transformo. La miro desconcertado y temeroso, con lágrimas en los ojos.

- Tu no eres yo!! – grito confiado el Principito – yo no soy tu!

Y furioso arrojo la piedra a la cabeza de la serpiente. Pero para su dolor, la piedra atravesó la ilusión y solo golpeo el piso. El Principito lloro. Lloro porque supo que la serpiente tenía razón. Lloro con profundo dolor, el mismo dolor que le causaba el veneno de la serpiente, pero que ahora nacía de el. Siempre lo había echo.

- No soy sino parte de ti. La parte de ti que tiene miedo de llegar allí adonde vas, o que no sabe el camino, o que no quiere caminar. No puedes matarme, yo siempre estaré. Ya no tienes donde ir – se regocijo la serpiente.

El Principito lloro en silencio por unos minutos. Luego miro a la serpiente, que lo miraba triunfante. Entonces sin decir nada se levanto, se seco las lagrimas, y comenzó a avanzar. La serpiente, desconcertada, lo miro con odio.

- Detente, te he dicho que no puedes escapar de mi!La serpiente entonces lanzo un mortal mordisco hacia la piel de Principito, pero para su sorpresa, lo atravesó sin tocarlo. El Principito la miro.

- Yo también soy parte de ti. Soy la parte que quiere amar, que quiere cuidar y proteger a la rosa, que quiere ser amado y ser feliz – le dijo el Principito.

Entonces se dio vuelta, y siguió avanzando hacia su rosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

Mi foto
Un alma mas, perdida en un laberinto de cables y gente. Alguien sabe donde esta la salida?